Pablo Correa

El fondo de la reforma tributaria

Es ingenuo pensar que solo al incrementar el tamaño del Estado generamos una mejor distribución del ingreso

Por: Pablo Correa | Publicado: Lunes 7 de abril de 2014 a las 05:00 hrs.
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Mucho se ha ya dicho y escrito sobre el proyecto de ley de reforma tributaria recientemente ingresado al Congreso, de sus efectos macroeconómicos, la gradualidad, el uso de los fondos, etc. Tanto, que solo quiero hacer una breve reflexión respecto del fondo de la reforma, de sus objetivos y de la razón de ser de la misma.

El gobierno ha anunciado que busca cumplir cuatro objetivos. El primero es financiar con ingresos permanentes el incremento en los gastos fiscales fijos. Nadie podría cuestionar algo así, menos cuando uno de los grandes activos del país es justamente la solidez de sus cuentas fiscales. En este caso la pregunta es otra: ¿son necesarios esos mayores gastos permanentes? Acá asoman dos cuestiones sobre nuestra política fiscal. Primero, si bien en la teoría ésta debiese ser altamente contra-cíclica, la evidencia nos muestra que el gasto fiscal es (políticamente) inflexible a la baja y que si bien puede mostrar saltos importantes en sus tasas de expansión en épocas de recesión (como fue en 2008 y 2009), a posteriori este incremento en el nivel del gasto es permanente. Esa es la razón por la cual hoy existe un déficit estructural, no otra.

La segunda cuestión es respecto a la capacidad de ejecución eficiente del gasto fiscal. En menos de una década el gasto fiscal, como porcentaje del PIB, aumentó en forma importante, al tanto que la estructura del Estado se mantuvo prácticamente inalterada. Como 􀂄 resultado, a veces no solo no se ha podido efectivamente ejecutar la totalidad del gasto, sino que peor aún, surgen dudas sobre la eficiencia del mismo. Para el Estado, el nivel de acountability respecto de eficiencia es aún bajo. Por lo mismo, sin haber dudas respecto a la necesidad de reformar nuestro sistema educacional, se echa de menos un análisis más profundo y crítico por parte del Estado respecto al uso de sus ingresos, la capacidad de generar ganancias de productividad o de eliminar costos innecesarios.

Lograr una equidad entre las rentas de trabajo y del capital, es el segundo objetivo de la reforma. Nuevamente, nada más justo que los factores productivos tengan el mismo tratamiento. Pero solo lograr esto no garantiza para nada que se genere una mejor distribución del ingreso, si finalmente los mayores ingresos terminan siendo absorbidos por un Estado que no tiene la capacidad o bien no cuenta con las políticas adecuadas para generar esa redistribución. Nuevamente hablamos de la "grasa" del aparato público en algunas áreas y también de la falta de "músculo" en otras. En otras palabras, es ingenuo pensar que solo al incrementar el tamaño del Estado generamos una mejor distribución del ingreso, pues puede transformarse en una mera transferencia hacia otros grupos que puedan capturar dichas rentas.

El tercer objetivo es incentivar el ahorro y la inversión. También loable y poco cuestionable. Con un ahorro nacional bajo el 20% del PIB, todo lo que ayude a incrementarlo, bienvenido sea. Pero ¿se cumple con lo dispuesto en el proyecto de ley? Si solo analizamos la magnitud de la pérdida de recaudación fiscal esperada por estas medidas, el efecto parece ser bastante acotado.

El último objetivo, que tampoco se debe cuestionar, es perfeccionar el sistema tributario para reducir la evasión y elusión. Esto no es otra cosa que justicia, que se cumplan las leyes, y que todos paguen lo que les toca pagar. Sin embargo, los detalles no son menores: un sistema que parte de la base que "se hace trampa", pondrá tantas trabas para evitar la elusión, que lo hará impracticable, oneroso y no cumplirá su objetivo. La reforma, por lo mismo, debiese asumir lo contrario, que la gente es honesta y en el caso opuesto, el SII debe imponer penas draconianias.

Así, más allá de los detalles del articulado -sin duda fundamentales- creo que no se puede perder la oportunidad de revisar tanto la estructura del gasto como de los ingresos fiscales tomando en consideración una reestructuración y modernización del Estado y de la política fiscal.

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